No puedo creer en lo que me he convertido. No, no soy una especie de criatura monstruosa y grotesca; simplemente, soy alguien distinta a lo que era antes. He cambiado tanto que ya no logro reconocerme. No puedo encontrar semejanza alguna con mi yo antiguo, con esa chica que tanto detesto, que me repugna, que me apena. Aquella chica que es la imagen de mis recuerdos más oscuros, los que deseo olvidar para siempre de mi corazón, los que son como cuchillos que se clavan en mi carne y se retuercen con sádica alegría, satisfaciendo sus extrañas necesidades con mi profundo dolor.
No es que no me guste lo que soy ahora. Al contrario, he tenido tiempo para moldearme, para decidir por otros caminos, para pasar a ser un proyecto de las demás personas, una "lo que quieren" a "lo que quiero"; sin embargo, me sorprendo al no encontrar rastros de mi pasado. Antes no me daba tiempo para reflexionar, para darme mis propios sermones, para reprocharme las cosas que nunca hice, o las que hice y nunca debí hacer. Antes era una chica que sólo tenía ojos para lo superficial, para lo material. Ahora aprecio las cosas más elementales. Ahora prefiero un abrazo o buena compañía a regalos, juguetes o dinero. Ahora ya no agradezco las cosas materiales que poseo, sino que aún sigo con vida, que tengo buena salud, una familia que me apoya y unos amigos que, sin importar las circunstancias, jamás me darían la espalda. Ahora aprecio mucho más los libros, para mí no hay mejor que eso, que leer un rato. Los mejores momentos los paso en familia o con mis amigos. Soy menos caprichosa, un poquito más sensata. He decidido querer más a la gente que me quiere, y no a la que me ignora. He decidido pasar de la gente envidiosa, de la gente que se cree superior a otros. He dejado de depender de la opinión de otras personas para sentirme bien.
¿Cómo ha sucedido esta extraña metamorfosis?
No hay comentarios:
Publicar un comentario