Este día ha sido, honestamente, un día de mierda. Primero hubo que enterarse del injusto veredicto hacia George Zimmerman (gran hijo de puta), al cual hallaron inocente en el caso de la muerte de Trayvon Martin, aún cuando gran parte de las pruebas iban en contra de aquél hombre; luego, en todos los periódicos digitales aparece la noticia del fallecimiento de Corey Monteith, el actor que encarnó a Finn Hudson en 'Glee'. Jovencito, apenas tenía 31 años. Trayvon también, todavía un muchacho, asesinado a los diecisiete y no obtuvo su justicia. Sus padres no obtuvieron justicia. Sí, eso no les iba a devolver a su hijo, eso no iba a borrar lo hecho por este racista descerebrado de Zimmerman, pero la justicia siempre es algo. Siempre se empieza, en estos casos, por la justicia.
El ambiente terrible se vio complementado por problemas personales, ante los cuales a veces parezco debilitarme, empequeñecerme y solamente quiero escapar. Sin embargo, eso ya es otro tema.
¿Qué decir, más de lo que ya he dicho? El racismo sigue aquí, entre nosotros. Nunca ha muerto, nunca ha sido totalmente vencido. Trayvon es uno de los tantos ejemplos, es uno de los tantos chicos que han sido aniquilados por una ideología que alcanza extremos absurdos. Él tenía una bolsita de Skittles y una botella de jugo. Igual, no importa. Lo seguirán tratando como criminal.
El que haya poseído un expediente corto, sin grandes casos, es justificación suficiente y, es más, coloca a Zimmerman en un pedestal. Zimmerman es un héroe, ha acabado con el diablo negro.
Qué ridículo.
Lo único que Zimmerman hizo fue matar a un chico inocente.
Ahora... Dios, Corey. Siempre lo encontré tiernísimo, aunque jamás me imaginé lo que se ocultaba detrás de todo aquello; sus problemas, sus demonios. Él intentó. Corey intentó recuperarse.
No es el hecho de que se haya perdido un personaje de televisión; perdimos a un hombrecito, a alguien que tenía toda una vida por delante.
Lo que más duele es que Corey falleció solo, en un hotel de Vancouver. Fue repentino.
Quizás la muerte, la mayoría de las veces, es repentina. Y estamos obligados a resignarnos a ella, a este proceso. Es algo que sucede... y a pesar de eso, escoce y continúa allí. Deja cicatrices y ciertas heridas insanables.
Se puede salir adelante, no obstante. Creo que eso es necesario.
Espero que, donde sea que estén, Cory y Trayvon y toda la gente que se ha ido, sea famosa o no lo sea, descanse en paz. Realmente deseo que estén bien, felices y cuidando a las familias respectivas desde ese lugar indescifrable.
Quiero que todo esto sea una broma. Quiero que Cory salga y desmienta esto, que sólo sean rumores. Quiero que GZ sea declarado culpable, que no camine libremente por las calles como alguien que no cometió crimen alguno.
A veces las cosas no salen como queremos, ¿cierto?