¡Dios santísimo, que horrible ha sido este Martes! No sólo he reflexionado como nunca, también algunas personas decidieron elegir este día para quitarse la máscara de falsedad que cubría sus verdaderos rostros. Rostros que hubiera preferido no conocer jamás, porque simplemente me han horrorizado e indignado. Oh, sí, en resumen, hoy he sufrido una decepción que, a pesar de que no sea demasiado importante, me ha causado una pequeña herida que ahora escoce y sangra, que palpita de manera dolorosa. Tuve tantas ganas de despojarme de mi tristeza, pero como ya lo he mencionado con anterioridad, no puedo hacerlo. Mis amigas, por supuesto, creen que es estúpido, que no debería darle importancia, pero yo no puedo negar que me ha herido. No puedo no manifestar mi decepción e indignación, porque mi corazón acabaría impregnado de esa esencia sucia, formando gruesas capas alrededor de él, volviéndolo impuro. Necesito llorar y gritar. No hay otra forma.
Un profesor, en el cual yo confiaba, que, aunque poco, apreciaba, siempre santifica a un amigo mío. Claro está, no me enojo con mi amigo, porque le quiero y él no tiene la culpa de todo esto. Todas esas comparaciones me hacen sentir una pequeña niña estúpida y mediocre, inferior, una cosa minúscula que vale la nada misma, porque siempre me esfuerzo, siempre doy todo para triunfar, y él jamás lo toma en cuenta. Es profesor de matemáticas, y dicha asignatura jamás ha sido mi fuerte, así que es en la que más me esfuerzo, y cada vez que obtengo mis mejores logros, superándome poco a poco, a él no le importa en lo más mínimo. Cuando mi amigo logra algo, sale bien en alguna tarea, lo celebra como guerra ganada. Apreciar todo ese ridículo espectáculo con la boca cerrada, para mí la "señorita que no sabe lo que es quedarse callada" y la que es una contestadora de primera, es un verdadero suplicio. Me lleno de ira, de impotencia, de rabia y lo único que me queda es ser indiferente, serle indiferente a ese cabeza hueca de maestro, pero en mi interior la realidad es otra: duele. Me duele demasiado. A mi amigo lo hacen ver como el centro del universo y a mí... a mí como a la nada misma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario