lunes, abril 22, 2013

Siempre está ese día donde basta con mirar una foto de Michael, cualquiera, y lo único que se te cruza por la cabeza es Dios mío, eres hermoso. Pero va más allá de eso, de una belleza simple, del atractivo de este hombre. Te sientes confundido, feliz y apenado, y experimentas una sensación extrañísima, como una punzada que luego sube. Es calor y escalofrío al mismo tiempo. Lo miras; después, ya ni siquiera sabes qué decir, porque ninguna palabra te alcanza. Solamente deseas reírte y llorar, como un canto peculiar a los años durante los cuales este hombre compartió la vida, quieres amarlo más que nunca y abrazarlo. Y lo haces, lo amas. Pero te duele, porque no tienes la posibilidad de decírselo. Claro, cabe la creencia de que quizás él lo sabe, de hecho, desde ese sitio magnífico donde se encuentra; sin embargo, te gustaría verle el rostro mientras se lo dices. Porque él ha pasado mucho. Te hubiese gustado, aunque sea, quitarle un poco del dolor que llevaba por dentro. 

Quiero llorar. No lo sé, no estoy triste. No sé si llamarlo melancolía; lo extraño, sí creo solemnemente que él está mucho mejor, está por fin feliz, es sólo que lo hecho de menos, contando con el sardónico factor de que nunca llegué a conocerlo. No, lo conocí, lo conozco, a través de su música y su voz preciosa, sus escritos y sus tonterías graciosas. Todo reside en eso, en conocerlo y no conocerlo. Sé como es, pero desconozco su aroma y su tacto. Ni idea qué duele más. 

Lo amo. Amo a Michael, mucho. Tanto que a veces duele, escoce, pero sé que mi persona sería distinta si no fuese por él. No dudo, tampoco, de que no estaría tan feliz de no ser por él. La gente que lo ignora, que le es indiferente y la que lo detesta, se pierde demasiado. 

Mi estilo está pobre, de eso sí que me encuentro segura. Las palabras intentan salir a la misma vez, chocan, se estancan y sale algo ininteligible. Esto suede al sentir algo así de fuerte. Mi cerebro rompe metafóricamente su sistema, y uno intenta plasmar las emociones, sin raciocinio ni sentido alguno.

Como un telar mal creado.