martes, septiembre 06, 2011
Me parece graciosa la hipocrecía de cierta gente, sobre todo mis más cercanos. Bueno, como verán, los encuentros con personas que presentan éstas características que generalmente me causan una extraña furia que crece dentro de mi pecho, se expande como un globo por otros rincones de mi organismo y finalmente, intento por todos los métodos existentes de apaciguarla, de no expresarla, de ignorar, son frecuentes, están a la orden del día por más que yo no lo desee, por más que me vuelva una profesional en el arte de la indiferencia. Hoy he sido víctima de uno de sus encuentros. A pesar de que es algo realmente estúpido, aquel comentario es ése detallito que me hace ver lo que en verdad son mis amigas. Personas que se aprecian, pero que te critican como si sus vidas dependieran de ello. Lo peor es que muchas veces no aceptan comentarios ajenos respecto a sus costumbres o qué sé yo. Vuelvo a decirlo (Ya parezco un loro, repitiéndolo todo una y otra vez), las quiero, pero ¡Aaagh! Me encantaría darles un bofetón sólo por una vez, aunque sea una. Me gustaría hacerles entender que no son perfectas. Desafortunadamente, yo soy "la chica que da consejos, que pretenden oírla, pero en realidad nadie la oye".
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario