A los profesores no puedes decirles nada, ni siquiera con aquel respeto que es difícil de demostrar a ciertos docentes que lo único que necesitan es un buen golpe. Si les presentas tu forma de pensar y tu desacuerdo con sus opiniones, te juzgan de insolente; si callas, te juzgan de ignorante, o de "niña ejemplar"; si estás exhausta, te tratan de perezosa. ¡Uf! ¡Me crispan los nervios! ¿Tanto les cuesta cerrar sus bocas sólo por un instante? ¡No, jamás escuchan! Nosotros debemos oírlos con atención, merecemos una reprimienda cuando hablamos de más, pero ¿Y ellos? ¡Son la gente más caprichosa del mundo!
No hay comentarios:
Publicar un comentario