Me encantaría que a parte de las matemáticas, el castellano, las ciencias, el inglés y la historia, existiera una asignatura especial, aquella que te enseñe respecto a la hermosura de la naturaleza, la pureza que se encuentra en cada uno de nosotros, que somos mucho más que seres con comportamientos generalmente monstruosos, habitualmente indiferentes hacia el dolor, el sufrimiento de los demás, que enseñe lo bello que es amar. Según mi punto de vista, las lecciones, los contenidos que los maestros ya nos ofrecen y que nosotros aceptamos (algunos por voluntad propia; otros por obligación) nos serán, sin duda alguna, en verdad necesarios para la construcción de nuestro futuro, serán los cimientos que se fortalecerán con el tiempo; sin embargo, la enseñanza de valores, de apreciar más lo elemental, de alejarse de las cosas materiales y no tenerles un "cariño" tan absurdo también me parece fundamental. No habrían exámenes ni calificaciones, porque todo dependerá de nosotros mismos. Tendremos dos caminos para escoger: cambiar, ser mejores, o quedarnos clavados en la mediocridad, en la falta de modales y nuestra mentalidad contaminada con tanta basura actual, con tantos problemas que suceden alrededor de todo el mundo.
Me ha tocado conocer gente muy hábil, capaz de resolver cálculos rápidamente, de nombrarme hechos históricos como si le hubiera preguntado los nombres de sus mascotas, pero que escasean de buenos valores, que son, diciéndolo con toda mi sinceridad, una porquería. Son racistas, xenofóbos, homofóbos, hasta amantes de la guerra y la violencia. Quizás tenga que ver con la falta de madurez, quién sabe; mas, muchísimas personas han olvidado la importancia de ser honestos, leales, comprometidos, perseverantes y tolerantes. El amor por lo esencial, por esos detalles pequeños, pero hermosos, ¡eso lo han ignorado! El amor por la libertad, por la capacidad de reírnos, de jugar, de hacer bromas, de salir a fiestas o de hasta bostezar. ¿Dónde ha quedado éso?
Me niego rotundamente a ser profesora: no poseo la paciencia suficiente, ni tampoco las ganas. Seré escritora, lo tengo decidido, y gracias a eso me dedicaré a educar a los niños, a los jóvenes para que amen a los demás, para que no repitan todos nuestros errores, desde los más "pequeños" como el bullying o el maltrato escolar hasta los gigantescos, como las guerras civiles. Soy una persona soñadora, increíblemente soñadora. Tal vez algunos sueños no alcance a cumplirlos, pero éste sí que lo llevaré a la realidad, cueste lo que me cueste.
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