viernes, enero 11, 2013

El individuo critica a los demás porque teme criticarse a sí mismo. No es que ignore su mente, su naturaleza y sus errores; al contrario, está consciente de ello. Pero es, nada más, el miedo a descubrir que no eres tal como te ves. Quizás eres mucho peor. Quizás cada sermón, cada palabra ante la cual deseas hacer oídos sordos, está en lo correcto. O probablemente se trata de conceptos de comodidad; mientras menos lo pienso, menos debo llevarlo a cabo. ¿Por qué he de cambiar yo, si nadie cambia? Y, por supuesto, para eso están los políticos. Para ser culpados de todos los problemas que el mundo sufre, cuando la culpa ha de ser compartida. Porque ellos han sido escogidos para resolver aquello que nos disgusta, para que no debamos movernos de nuestros hogares. Y cuando no lo cumplen (porque obviamente, como todo ser individualista, hará sólo lo que le convenga), nos entregamos el derecho a escupir sobre su persona. Estoy cien por ciento segura que es complicado. Que nada se arreglará en un segundo. No obstante, ¿qué nos detiene? ¿No es que este mundo lo hacemos nosotros?, ¿o los cabecillas hacen este mundo realmente?

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