Escribir es plasmar el alma sobre una hoja cualquiera, probablemente conducida por acción del viento, moldearla a gusto, y luego presentársela al universo. Dudo mucho, muchísimo, que el hecho de escribir algo dependa totalmente de mi persona; yo no tomé un bolígrafo, segura y sin vacilaciones, un papel medio arrugado e inventé una historia porque se me ocurrió. Siento que es algo más allá de eso, más grande y profundo, porque de éso se trata el arte. Quizás se trata de la satisfacción de una necesidad distinta a la mundana, y que por sí sola reclama ser satisfecha. Las ramas artísticas, o cualquier pasión buena que se encuentre, después de todo, así son. Son una necesidad, el hambre no del cuerpo, sino de la mente. Hace más fuerte al espíritu. La pintura, el baile, la composición, la literatura... todas y cada una son una unión, un trozo, y un individuo en sí, intangible pero etéreo, al mismo tiempo. Son refugio.
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