Después de mis experiencias de la gira Victory, empecé a tomar mis decisiones profesionales con más cuidado que nunca. En una gira anterior había aprendido una lección que recordé claramente durante las dificultades del Victory.
Años antes, habíamos hecho una gira con aquel sujeto que nos explotó, pero él me enseñó algo. Me decía:
—Mira, toda esta gente trabaja para ti. No eres tú el que trabaja para ellos. Tú les pagas
Y no hacía más que repetírmelo. Por fin empecé a comprender a qué se refería. Era una idea completamente nueva para mí, porque en Motown todo nos lo daba por hecho. Eran otras personas las que decidían por nosotros. Aquella experiencia me había producido una deformación mental.«Tienes que ponerte esto. Tienes que cantar estas canciones. Tienes que ir a tal sitio. Tienes que conceder esta entrevista. Tienes que salir en televisión ». Éste era el plan. Nosotros no podíamos opinar. Cuando él me dijo que mandaba yo, por fin desperté. Comprendí que él tenía razón. A pesar de todo, tengo con él una deuda de gratitud.
Moonwalk, página 276. Capítulo sexto, All you need is love.
Informan de todo lo que haces. Saben lo que compras, qué película ves, todo lo que puedas imaginar. Si voy a la Biblioteca pública, dan los títulos que pido. Una vez en Florida publicaron en el periódico mi programa completo desde las diez de la mañana hasta las seis de la tarde. «Después de esto, hizo esto otro, y después lo otro, fue a tal sitio, luego, de puerta a puerta, y después... ». Recuerdo que pensé, «¿Y si yo quisiera hacer algo que no deseara ver publicado en el periódico? ». Éste es el precio de la fama.
Me parece que mi imagen está deformada en la mente del público. El público no tiene una idea clara ni una imagen completa de cómo soy, a pesar de todo el espacio que me dedican los periódicos. Se imprimen inexactitudes y se les atribuye valor de verdad y con frecuencia sólo se cuenta la mitad del caso. La parte que no se imprime suele ser la parte que haría que lo impreso fuera menos sensacional porque arrojaría luz sobre los hechos. En consecuencia, creo que mucha gente no piensa que yo sea una persona que toma decisiones sobre su carrera. Nada más lejos de la verdad.
Moonwalk, página 287.
Me parece que en los periódicos tengo imagen de santito repelente y eso me molesta, pero es difícil de combatir, porque habitualmente no hablo de mí mismo. Soy tímido. Es la verdad. No me gustan las entrevistas ni salir en televisión. Cuando Doubleday me propuso hacer este libro, me gustó la idea de poder hablar de lo que siento en un libro que fuera mío, con mis palabras y mi voz. Confío que contribuya a deshacer algunas ideas falsas.
Cada cual tiene muchas facetas y yo no soy diferente de los demás. Cuando estoy en público, me siento tímido y reservado. Evidentemente, cuando estoy lejos de los focos, de los objetivos de las cámaras y de la mirada de la gente soy otro. Mis amigos, mis colaboradores más próximos, saben que hay otro Michael al que me resulta difícil exponer en las extravagantes situaciones «públicas» en las que a menudo me veo.
Moonwalk, página 294.
Para mí, nada hay más importante que hacer feliz a la gente, distraerles de sus problemas y preocupaciones, aliviar su carga.
Moonwalk, página 299.
Por eso no comprendo que algunos famosos digan que no quieren que sus hijos se dediquen al espectáculo. Seguramente lo dicen porque han tenido que sufrir. Sé lo que es eso. Lo he vivido.
Moonwalk, página 299.
Muchas veces nisiquiera pueden entender qué les pasa. Esto
me encoge el corazón. Cuando estoy con ellos, siento deseos
de abrazarles y tratar de que se sientan mejor. A veces niños
enfermos vienen a verme a casa o a Ia habitación del hotel.
Los padres me llaman para preguntar si su hijo podría pasar
unos minutos conmigo. Cuando estoy con ellos me parece
que comprendo mejor lo que debió de sufrir mi madre con la
polio. La vida es demasiado preciosa y corta como para no
extender la mano hacia los demás.
me encoge el corazón. Cuando estoy con ellos, siento deseos
de abrazarles y tratar de que se sientan mejor. A veces niños
enfermos vienen a verme a casa o a Ia habitación del hotel.
Los padres me llaman para preguntar si su hijo podría pasar
unos minutos conmigo. Cuando estoy con ellos me parece
que comprendo mejor lo que debió de sufrir mi madre con la
polio. La vida es demasiado preciosa y corta como para no
extender la mano hacia los demás.

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